Review Capítulo 11: “Happily Ever After”

Este capítulo entra en la lista de especiales, por ser de los pocos que empieza en el presente isleño, pero donde no tardamos en darnos cuenta de que esta semana no vamos a estar mucho en él. A pesar de esta puntualización, el inicio me ha parecido espectacular, con un Desmond abriendo el ojo (símbolo lostiano por excelencia) y totalmente desorientado tras ser anestesiado para llegar a la Isla en el submarino.
Inocente él, piensa que sigue en el hospital de Los Ángeles, algo que su suegro no tarda demasiado en aclararle a su manera. Algo que como es de esperar, no le hace ninguna gracia al escocés aunque todos sabíamos que “la Isla no había terminado con él todavía”. Aquí empezamos a vislumbrar en que va a consistir el plan de Widmore, donde el electromagnetismo va a jugar un papel muy importante como nos descubrieron en el capítulo anterior (¿soy el único que está pensando en el lugar que corresponde al centro del electromagnetismo isleño?). Además, descubrimos que su equipo ha construído una especie de cabaña de Jacob (es lo primero que me ha venido a la cabeza cuando he visto la silla en medio), donde van a producir un campo electromagnético. Tras superar unos contratiempos, hombre churruscado incluído, vemos que Desmond va a tener que pasar una prueba para demostrar que puede sobrevivir de nuevo a una catástrofe (es especial, el elegido por la Isla) parecida a la que tuvo que superar en la implosión de la escotilla. Más que nada, por el bien de todos y es que Desmond se ha convertido en la clave para frenar al hombre de negro, o al menos, eso parece a estas alturas.
Encienden los motores, la energía empieza a fluir y en un despiporre de efectos especiales (luego no son capaces de hacer un submarino en condiciones…), vemos como Desmond empieza a descomponerse para que un destello nos mande literalmente a la otra realidad, justo donde dejamos a Des en la premiere, en la L.A.X., el aeropuerto de Los Ángeles. Declaración de intenciones por parte de los “Darlton” (no solo porque aparezca su nombre en los créditos en esos instantes), cuando nada más aterrizar en esta realidad vemos a Desmond reflejado en el panel de Oceanic (¡vivan los espejos!). Momento interrumpido por Hulrey, recitando uno de sus números favoritos (el 4 de Locke) en relación a la cinta de recogida del equipaje, pues no hay que olvidar que aquí Desmond iba en el avión como el resto de viejos conocidos. Aquí presenciamos su escena con Claire, en la que parece interesarse por ella (deja vu) y además, se atreve a jugar a la quiniela apostando “curiosamente” por el caballo ganador: la rubia tendrá un niño. Una vez fuera, le espera el chófer que ha ido a recogerle, un viejo conocido tripulante de un carguero muy peculiar y que también sabe un rato sobre constantes, George Minkowski. ¿Lugar de destino?, el despacho del mismísimo Charles Widmore, el cual (esta vez) recibe al bueno de Des con los brazos abiertos.

Nos enteramos del motivo por el que Desmond iba a bordo del Oceanic 815, lo cual no era otra cosa que un simple y éxitoso viaje de negocios, pues en esta realidad, es el hombre de confianza del presidente de Industrias Widmore. Después de ese sorprendente abrazo, observamos a Desmond teniendo un nuevo deja vu (uno de los más evidentes) mirando el velero del despacho, pero este no es el objeto que realmente ha captado mi atención, pues un cuadro con una balanza con una piedra blanca y otra negra le ha robado todo el protagonismo. En la línea temporal original, este cuadro tenía a dos osos polares y la palabra “namaste” escrito en él. Una vez destacado este guiño, vemos que a Des le va a tocar hacerse cargo de Charlie porque la mujer de Charles quiere que Driveshaft (you all everybody!) toque un concierto con su hijo, pero antes de partir, no podía faltar el remake de la mítica escena con el whisky McCuctheon de por medio, donde esta vez los dos vasos se llenan hasta arriba. Lo he dicho al principio, pero viendo lo que estaba sucediendo nada más comenzar, el simbolismo que ha tenido el episodio, ha convertido a este en una especie de autohomenaje para la misma serie, a la vez que un juego para el espectador para ver cuantos guiños, detalles y momentos pasados era capaz de recordar. En resumidas cuentas, Lost en estado puro.
Mi relación con Charlie no fue placentera hasta que este no se se topó con la muerte, con la misma que curiosamente ha querido encontrar nada más salir de la comisaría (en la puerta de la misma, Desmond vuelve a reflejarse en el cristal descaradamente…). Los actos suicidas del bajista de Driveshaft no acaban después de cruzar la carretera como si nada (y delante de la policía, ejem) sino que a la primera oportunidad, intenta mostrar y hacer entender por la fuerza a Des, todo lo que minutos antes le había contado en un bar. Durante su estancia en el baño del Oceanic 815 y cuando estaba apunto de morir, tuvo flashes de una rubia de la que sentía estar enormemente enamorado pese a no conocerla (empezamos a ver la luz…). De la escena en el interior del coche me quedo cuando Des le ha preguntado que si “esto no es real” y Charlie le ha ofrecido su particular elección, instantes previos a dar con los dos en el agua del puerto (estos dos personajes y el agua…), donde Desmond se ha empezado a convertir en un “hombre de fe flashsidewayano” al recordar (toma deja vu) el mítico “Not Penny’s Boat”. La participación de Charlie ha sido genial y vital, por lo que ha representado, y encima, hemos tenido a un Dominic Monaghan estelar para tan especial ocasión.
Si antes habíamos estado en la comisaría, ahora le llegaba el turno al hospital, el otro lugar de preferencia para los losties en esta realidad y no solo lo digo porque Jack esté por ahí trabajando. No debo de ser el único que al ver a Desmond apunto de realizar una resonancia magnética sabía que algo le iba a pasar. Por suerte, ha visto a Penny y aquí retomamos la que es sin duda, la mejor historia de amor de Lost (impulsado por Charlie “quería enseñarte algo” Pace). Después de fallar su misión, la siguiente parada en el camino de este viaje en la otra realidad, lleva a Des ante la mujer que una vez le arruinó la vida, Eloise Hawking (Widmore), que nuevamente, parece tener las respuestas a todo lo que está sucediendo, sin que nosotros podamos imaginar el cómo, ni el por qué. “Alguien parece que ha afectado su manera de ver las cosas… esto es un problema. De hecho, es una violación”. Aquí las mentes más teorizadoras han debido de activarse al máximo, y más, cuando Eloise ha soltado por su boquita otra pista clave, Desmond en esta realidad tiene una vida perfecta y ha conseguido lo que más ansiaba, la aprobación de Charles Widmore. ¿Por qué ha puesto careto cuando lo ha visto en la fiesta? ¿una violación de qué?, ¿cómo sabe lo que desea Desmond?… definitivamente, nos vemos en las Preguntas sin Respuesta. Este momento inevitablemente me ha recordado a la mítica escena de la joyería en el 3×08 “Flashes Before Your Eyes”, por esa sensación de que ella lo sabe todo y porque vuelve a intentar alejarle de su amada, pero esta vez, Desmond David Hume tomará la elección correcta, buscar y darlo todo por su Penélope.
Tenemos al padre, la madre, pero aún faltaba el hijo, un Daniel Faraday (Widmore), al cual siempre será un placer ver por esta serie porque siempre llega con un buen saco de respuestas científicas bajo el brazo, intentando hacerle un poco más fácil la vida al espectador. Es como su madre, poseedor de respuestas, pero benévolo a la hora de soltarlas. Antes de entrar en materia, no quiero quedarme sin destacar de que él también tiene la vida perfecta, pues es músico como siempre deseó (desgraciadamente esa camisa gris pierde contra la blanca con la que le recordábamos). Daniel empieza a tirar de la manta, empezando por un discurso muy similar al de Charlie, cambiando a Claire por Charlotte (¿El amor es la constante otra vez?), pero a diferencia de este no tuvo un peculiar encuentro con la muerte, sino que la noche que conoció a su amada, le dio por escribir (en su querido diario) ecuaciones de mecánica cuántica. De repente, la conversación se pone aún más interesante y retomamos “El Incidente”, encontrando el punto de partida a una posible explicación cientítifca a todo este entuerto. “¿Y si todo esto no tuviera que ser nuestra vida? ¿Y si… tuviésemos otra vida y por alguna razón… nosotros cambiamos las cosas?”. ¡Toma bomba nuclear!. Por supuesto, no considero esto una explicación definitiva ni mucho menos, sobre todo después de las palabras de Eloise pero han sido lo suficientemente esclarecedoras (junto al resto de referencias en el capítulo), como para empezar a poder ir haciéndonos una idea de hacia donde se dirige esta realidad, y la serie, en la recta final.
Las revelaciones de Faraday no acaban ahí, pues muy cortésmente, le dice a Desmond donde encontrar a su hermanastra (nos quedaremos con las ganas de saber quien es su madre en esta y en la otra realidad…). El lugar elegido para el reencuentro de la pareja no podía haber sido más emblemático, y encima, esta vez teniendo a Penny corriendo y a Desmond en modo búsqueda (ya he perdido la cuenta de los deja vu que he podido tener). Cuando mi cabeza estaba intentando procesar toda la información en relación al tema estrella del capítulo y esperaba repetir momentazo histórico entre estos dos personajes, un simple apretón de manos entre ellos, hace despertar (por llamar de alguna manera a lo sucedido en este instante) a Desmond en la Isla, segundos después de comprobar que ha superado con éxito la prueba que su suegro le había impuesto. Tras su despertar, descubrimos que “algo” le ha pasado, pues no parece el mismo tipo reacio a quedarse en el lugar que le destrozó la vida una vez. Ahora está decidido a cumplir con esa “cosa” tan importante por la que le han traído (”pueden pasar muchas cosas en 20 minutos”). Aquí personalmente, es la segunda vez que el episodio conseguía engañarme porque pensaba que la fiesta se acababa pero todavía no, aún quedaba más, faltaba la clásica traca final lostiana.
Le llegaba el momento de lucirse a Rambo-Sayid, el cual no tarda ni un segundo en dejar noqueado a un miembro del equipo de Widmore, matar a otro y dejar libre a Zoe (confirmando que algo de importancia tiene que tener esta mujer de gafas caídas). De paso, descubrimos que no pretendía cargarse él solito a todo el ejército rival, sino simplemente llevar ante su líder a Desmond, el cual acepta encantadísimo. ¿Volverá estar teniendo flashes del futuro ante sus ojos o simplemente pretende acercarse lo máximo a su rival a batir?. Para saber esto y mucho más habrá que esperar, por lo menos, una semana más porque para mi sorpresa, hemos regresado a la otra realidad para que Des conociera en condiciones a Penny (lo del desmayo sigue sin cuadrarme en mis ideas teorizadoras…). Me ha parecido curioso que Penélope también sintiera que le conocía, pero más aún que el otro la invitara a tomar un café, como Juliet le dijo a Sawyer en la premiere. Con los deberes de galán cumplidos y una sonrisa de oreja a oreja, se mete de nuevo en la limusina rumbo a su cita con la mujer de su vida. A todo esto, ¿Soy el único que ha visto a Minkowski como el Matthew Abbadon de Desmond?. No lo digo solo por hacer de chófer, sino por esa escena final en el que le pide a George si le puede conseguir la lista de pasajeros del Oceanic 815. ¿La razón? Tiene que enseñarles algo… No sé que ha visto Desmond, no sé que tiene en la cabeza y mucho menos sé lo que tiene planeado hacer, tanto en una realidad como en la otra, pero desde ya, estoy deseando comprobarlo porque once capítulos después, la línea de tiempo alternativa acaba de ganarse un merecido respeto. Desmond ha tenido una gran actuación…
Fuente: http://www.carruseldeseries.com/2010/04/review-lost-6×11-happy-ever-after.html
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